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El músico que quiso correr con los pies en la tierra

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Sí, literalmente. Aunque existe una gran corriente de deportistas minimalistas –que corren descalzos o con un tipo especial de zapatillas o sandalias muy finas– muchos escucharemos ahora por primera vez este término. Víctor Teresa Cubero, sin embargo, lo contó como algo trivial, incluso anecdótico: “corriendo soy un poco peculiar porque practico, lo que llaman, el minimalismo; salgo a correr descalzo”. Este joven de 34 años y natural de Mojados (Valladolid) es profesor de música y trompetista de profesión, una pieza imprescindible en su vida que sabe encajar a la perfección con su otra gran pasión: la montaña. Ferviente enamorado de correr, pedalear, caminar, trepar, subir o bajar, donde sea, pero lejos del asfalto. En la naturaleza. Pertenece al Club Deportivo Valhondos, de su Mojados natal. Y con ellos o de forma independiente ha recorrido algunas de las pruebas más duras del panorama regional y nacional. Pero su filosofía no es la de un atleta. En su mente no entran los tiempos, las prisas, los récords. Su objetivo es disfrutar del ejercicio en un entorno privilegiado. Echarse a la espalda lo imprescindible y, con la calma justa, alcanzar la meta que le pida el cuerpo.

Para Víctor Teresa Cubero la música es su trabajo y el monte su liberación. Al menos así él lo siente pues este licenciado en Pedagogía de la Trompeta por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid no es un amante del deporte al uso, sino que lo es de su práctica en plena naturaleza. Reniega del asfalto y él mismo asegura que no es ningún atleta, pues no sigue ningún tipo de plan de entrenamiento. “Simplemente salgo cuando me apetece o tengo tiempo y lo uso para despejarme la cabeza. Si me apetece sentarme a mitad de camino a disfrutar del paisaje durante cinco minutos, media o una hora, lo hago. Atarme a una rutina de entrenamiento tendría justo el efecto contrario”, explica Víctor. “No quiero correr o montar en bici ahora, lo que quiero es poder seguir haciéndolo cuando tenga 70 años”, sentencia. Y esa frase define exactamente su filosofía. La del disfrute. Sin presiones, sin quemar el cuerpo ni tratar de batir tiempos, sin competitividad. “Me da igual el puesto en el que llegue en una carrera; lo hago por pasión, no por resultados”.






Indagando en esa otra cara del deporte y tras haber sufrido varias lesiones y molestias en las articulaciones, descubrió la corriente del minimalismo o ‘pies descalzos’. “Llevo tres años practicándolo y todo han sido beneficios; se han acabado los dolores, me ha enseñado mucho a correr luego por montaña, a  mejorar la técnica de bajada y la estabilidad corporal”, explica Víctor. Eso sí, resalta que habla desde su propia experiencia y que hay que “comenzar poco a poco, con cabeza, y siempre por sitios sencillos”. “Cuando corría sobre pistas planas tenía molestias a los diez minutos y de esta forma corres con más cadencia, el pie cae con la puntera, lo que hace que no se bloqueen el resto de articulaciones y se reparta el golpe”. Pese a que parezca fuera de lógica, asegura que el mejor momento para correr descalzo es el invierno, cuando la tierra está mojada y el terreno más ‘blandito’, “el pie, al ir descubierto, entiende que necesita más riego sanguíneo y así se mantiene caliente, no pasas frío”. ¡¿Y qué hay de las piedras, raíces u obstáculos que puedas pisar?! Contesta con otra pregunta. “¿Cuando vas calzado te fijas por donde pisas?, pues esa es la clave. Estás totalmente atento al terreno y lo bueno del pie es que su infinidad de terminaciones nerviosas hace que en cuanto nota algo que le hace daño automáticamente cambia de postura y busca el apoyo en otro punto”. Afirma que es una experiencia que te permite aprender mucho sobre propiocepción, es decir, a percibir de forma inconsciente, independientemente de la visión, los movimientos y posición del cuerpo. Algo que quizás todos deberíamos tener más en cuenta.

Y no hay duda de que su personal metodología le va bien, pues Víctor ha participado en algunas de las carreras más duras del panorama nacional, como ‘Los 10.000 del Soplao’ del pasado año; una prueba que se celebra en Cabezón de la Sal y es conocida como el infierno cántabro. Eso ya dice mucho. “Aquí combiné alrededor de 49 kilómetros corriendo y 70 en bici y, sinceramente, es lo más duro que he hecho en una prueba hasta ahora”. No se arrepiente de probar, pero no cree que repita. “No busco superarme en kilómetros, sino encontrar pruebas que me motiven porque se desarrollan en plena naturaleza”. Y es que asegura que jamás se plantearía correr una maratón en ciudad, sin embargo, cuando le pregunto si sabe cuánta distancia total ha podido llegar a recorrer en un año, lo sabe. Y sorprende. “En 2015, habré hecho aproximadamente 5.000 km en bici y 3.000 corriendo”.  Y continúa sumando.

Entre la trompeta y las zapatillas,
una relación de causalidad

Víctor Teresa siempre ha sido un amante de la bicicleta de montaña, pero fue durante su estancia en El Escorial, en Madrid, cuando, por practicidad, comenzó a salir a correr. “Con unos 19 años, cuando no sabía ni que existía el ‘running’ ni el ‘trail’, me di cuenta de que corriendo podía llegar a sitios a los que la bici no me permitía. Así que, podría decir que empecé en esto un poco por causalidad”. Desde entonces, literalmente, no para quieto. Combina sus trabajos como profesor de música en varios centros y como trompetista en el cuarteto de viento Tuba & Bones, además de otras colaboraciones con orquestas del país, como la Sinfónica de Castilla y León, con su pasión por ‘perderse’ por el monte.

Varias lesiones le dejaron parado durante meses y eso, asegura, le enseñó bastante. “Aprendí que en la vida hay muchas más cosas aparte de la música y a tomarme todo con más calma y paciencia”. Confiesa que no es de dormir mucho y que por eso acaba encontrando tiempo para todo. “Además, un buen entrenamiento de madrugada te deja libre y preparado con todo el día por delante”. Y no lo pongo en duda, solo hace falta fuerza de voluntad. Pero, Víctor, ¿hay algo o alguien que te inspire o motive en el deporte y en esa forma que tienes de entenderlo? “Me encanta el genial humor de Luis Alberto Hernando –perteneciente a la élite mundial de corredores de montaña- y su forma de vivir la montaña. También me gusta la filosofía del estadounidense Scott Jurek, que explica en su libro ‘Correr, comer, vivir’”. De ahí, de la figura de este ultracorredor icono mundial, se empapó, entre otras cosas, de la cultura vegana y comenzó a probar a ‘comer verde’. “Sigo tomando carne, pero la dieta vegana, de vez en cuando, me está viniendo muy bien y, sorprendentemente, con ella me recupero físicamente mucho mejor después de una prueba dura”.



A este joven mojadense es difícil seguirle la pista. Su ritmo es intenso. En menos de un mes ha participado en tres pruebas populares: el Trail Pastores de Portudera, en Arenas de Cabrales (Asturias), con 21 km y 3.900 metros de desnivel +; Los 80 de Mojados (Valladolid), una dura prueba de BTT; y el reciente I Memorial Jesús Negro de Paz, una carrera conmemorativa también de BTT, celebrada en el municipio vallisoletano de Urueña. Pero en mente tiene ya nuevos y durísimos retos, como el Desafío El Cainejo, el 28 de mayo en Caín (León), con un recorrido de 54 km y con 12.000 m de desnivel acumulado; el II Desafío Valhondo, el 4 de junio en Mojados, una prueba de trail y senderismo que organiza junto a su Club Deportivo Valhondos; o el V Eusko Bike Challenge, el próximo 11 de junio, una carrera de 115 Km y 4.000 metros de desnivel +, conocida como el ‘Infierno Marojo’. Nos hacemos a la idea de por qué, pero te seguiremos la pista para que no los cuentes. ¡Si podemos!

Estamos seguros de que a Víctor Teresa le veremos disfrutando no solo del impresionante paisaje que acompaña a estas pruebas, sino del componente social de ellas, ese que tanto él valora y sin el que este tipo de eventos carecerían de sentido. “Me gusta compartir la experiencia con la gente. Voy a pasármelo bien, no a batir un tiempo. Como ves, no sirvo como ejemplo de ultra corredor o atleta, eso sí, en ninguna foto me verás jodido” (se ríe)… Gracias Víctor, siempre es bonito conocer a gente que solamente se propone disfrutar de lo que hace.


Texto: Sonia Vidal
Fotografía: Jose C. Castillo

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