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Colegio Internacional

Una sonrisa de 42.195 metros

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Su rostro resulta familiar para Persígueme. Lo puedes ver aquí y aquí. También aquí. Lo buscamos casi por instinto en cada carrera. Cuando decimos rostro, queremos decir sonrisa, pues rara vez se ve el uno sin la otra. La lleva puesta desde la primera zancada hasta la última. Periodista por vocación y por pasión, para la vallisoletana Vanesa Lastra lo de andar siempre corriendo podría decirse que es casi deformación profesional. Pero ya lo hacía de pequeña, cuando competía. «Me gustaba mucho, pero llegó la adolescencia… y lo dejé. No lo he retomado hasta hace seis años», cuenta, «y ahora pienso que… ¡la de quebraderos de cabeza que me hubiera evitado de haber seguido corriendo!».



«Tengo mucho nervio y mucha energía, pero también mucho estrés, así que es un placer terrible para mí». «Corro para no explotar», afirma, al tiempo que asegura que es un hábito necesario en su vida, «pero dentro de una racionalidad». ¿Su límite? «Siempre digo que te tienes que quedar con ganas: si es un minuto lo que puedes correr, córrelo, no busques los cinco, que mañana tendrás más motivación para ir por ellos», proclama, y pasa a enumerar después las pruebas que no suele perderse en la capital del Pisuerga: el Cross de las Doce Uvas, el Memorial Vidal - Matarranz (en recuerdo de los bomberos fallecidos en acto de servicio), la Media Maratón Ciudad de Valladolid y la Carrera de la Ciencia.

Esta última es su favorita: «Juego en casa, porque sube por el cerro de las Contiendas, un paraíso que tenemos en Valladolid que me conozco como la palma de la mano». Por allí sale a correr tres o cuadro días por semana («me encanta hacerlo sola, estar conmigo misma»). Bien temprano, cuando ni el sol ha salido todavía a quemar zapatilla, porque «es maravilloso correr frente a un amanecer». Más de uno le habrán pillado las primeras luces con Show Must Go On resonando fuerte. Es de las que corren con música, y el día no puede ir mal si es Queen quien va marcando el ritmo.



Este domingo, 17 de febrero, se enfrentará a su primera maratón, 42.195 metros de suelo hispalense sobre los que quitarse una espinita. El plan era estrenarse en esta prueba en Roma en 2017, pero su tobillo no se lo permitió. «Me lo fastidié en un concierto y no pude participar, pero, aun así, fui hasta allí y durante cuatro días salí a correr por sus calles. Llegó la maratón, me coloqué para verla en el kilómetro 36», recuerda, «y me emocioné tanto… ¡y eso que yo no soy de llorar!». A ella también le gusta sentir el calor del público, como en la Behobia - San Sebastián del pasado mes de noviembre, cuando un hombre, sin conocerla de nada, le dedicó su mejor «aúpa, neska». «Él solo, con esas dos palabras, me llevó a la meta».

En Sevilla, donde los ánimos sonarán con otro acento, lucirá una camiseta morada con el mensaje «Nunca subestimes el poder de una mujer» a la espalda, acompañado por un contundente #NiUnaMenos. Morada, un poco por Valladolid. Morada, sobre todo, por ser una de las pocas mujeres que correrán el domingo con la Giralda de testigo: «Solo somos el 15% de los inscritos… ¡y es un porcentaje alto!». «Me gustaría que hubiese más mujeres corriendo, disfrutando de la libertad que te da», añade, «porque nos hacen sentir pequeñitas en la vida y, sobre todo, en el deporte, pero lo cierto es que podemos hacer lo que queramos». «El domingo, si algún hombre lo lee, será porque iré delante de él», bromea. «Muchos prejuicios nos los creamos nosotras mismas, y lo único importante es ponerse las mallas: le tengo el mismo respeto a esta prueba que un hombre, mi único miedo es no dormir bien la noche antes, porque todo el trabajo, en realidad, ya lo llevo hecho». 

En la maleta, bajo la camiseta morada, ninguna pretensión, salvo la de siempre: «No voy a competir, voy a disfrutar, así que si tengo que ir por debajo de mis tiempos para entrar en la meta feliz, lo haré». «Qué pena que no vaya a estar Persígueme allí para inmortalizarlo, ¡os echaré de menos!», dice, y nos regala otra sonrisa, la enésima. Y qué bien le sienta ese dorsal.




Texto: Iris M. Vázquez
Fotos: Persigueme.es

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