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Corriendo con Chester

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Javier del Campo Romón, también conocido deportivamente como Chester Dandy Wilson, es un veterano atleta vallisoletano que lleva corriendo desde los 16 años al que le cambió la vida cuando se le ocurrió presentarse al mundial de atletismo de veteranos que se celebró el año pasado en Budapest. Estuvo dándole muchas vueltas: “Voy a estar allí seis días, mogollón de tiempo libre, ¿qué podría hacer? Y se me ocurrió recurrir a esta herramienta, al crowdfounding. Hablar con unos cuantos amigos, que es a los que engañaré, y pedirles cinco euros, porque tampoco me apetecía robarle a nadie. Si eran empresas les pedía diez, yo entiendo que todo el mundo anda pillado. Y pensé: bueno, pues si saco cincuenta euros, a ver qué hago luego con ese dinero. Era una idea en germen casi estúpida”

La idea, tan inocente, humilde y abstracta que cuesta tomársela en serio, resultó ser la semilla del proyecto Budapest. “La cosa fue creciendo, hubo gente que empezó a donar cosas para subastar. Por ejemplo, un single de los Beatles que se subastó en una cena que hicimos. Todo el mundo empezó a apropiarse de la idea, a darle posibilidades nuevas, a donar el dinero y al final salieron 1040 euros.”

La gente confió plenamente en Javier aunque ni siquiera había decidido a quién darle el dinero. Solo tenía claro que no quería intermediarios. “Conozco cómo funcionan las fundaciones y las ONGs, casi todas, y el 15% o 20 % se lo quedan. Hablé con los científicos del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca (conoció años atrás a una persona del Centro) y les pregunté ¿os importa si os dono lo que saque? Encantados. Creo que reunía todos los requisitos. Es un centro público, de primer orden mundial y depende de la Universidad de Salamanca. Entonces no hay connotaciones privadas, religiosas, políticas...”

“Pienso que no hay nada mejor que apoyar la investigación, es la única vía. Si el Estado diera miles y miles de millones de euros seguramente habría muchos más casos de curación. A nosotros nos gusta más el fútbol. Y no quiero ser muy mordaz, pero da rabia. Tenemos la ética dada la vuelta.”

“Después de haber visitado el CIC de Salamanca, salimos emocionados. Qué gente más sencilla, más accesible, nos lo han enseñado como si fuera el salón de su casa, y son científicos de primer orden mundial. Salimos de allí diciendo: qué injusta es la sociedad, esta gente trabaja aquí todas las horas del mundo y con amenaza de cierre constante porque le gusta y luego cualquier pelamanillas que sale en Gran Hermano o cualquier programa de estos cobra 50.000 euros a la semana por rascarse la barriga. También el CIC nos dijo una cosa importante para ellos y es que por encima del dinero necesitan sentir que la sociedad les apoya.”

Y así de sencillo la semilla germinó, la idea se hizo grande y el proyecto Budapest se convirtió en el proyecto Budapest Contra el Cáncer, que ya ha dado los primeros frutos en todos los niveles de la vida de Javier y de los que le rodean.

“Durante el transcurso he conocido historias que no pensaba conocer, te rompen el  corazón más de una vez. Yo esto lo planteaba como: venga, me vas a dar cinco euros porque eres mi amigo igual que tú me pides para la papeleta de Navidad del club de fútbol para tu hijo. Cuando empiezas a ver el cariz humano de algunas historias que te cuentan por privado dices: esto me sobrepasa.”

“Esto a mí me ha cambiado la vida y me alegro mucho de haber empezado esta tontería. ¿Por qué me ha cambiado la vida? A lo mejor estaba algo dormido porque he estado muchos años en Madrid y es una ciudad muy fría y a lo mejor me había dedicado más a mirar mi propio ombligo. Nunca he pensado que sea mala persona, pero sin querer te dejas llevar.”

Estos cambios personales también han repercutido en su vida deportiva, que sin duda se encuentra en un momento muy fértil a pesar de sus 44 años. “He tenido la oportunidad de poner en marcha un nuevo club de atletismo con un nuevo patrocinador, Clínica Plenum. Somos 70 personas, está funcionando estupendamente. Entonces dije: vamos a hacer una cosa, voy a registrar el club legalmente en la Junta y ponerle el nombre Proyecto Budapest by Chester, y así tengo cobertura legal para lo otro”.

Todo lo acontecido ha ido dando forma y haciendo grande el proyecto, así que el éxito de la segunda edición está más que asegurado. Ya “prácticamente nadie ha puesto 5 euros” y además una mujer, Isabel, se ha sumado al proyecto siguiendo la filosofía de “si dos manos han conseguido mil euros cuatro conseguirán dos mil”. Otro progreso del proyecto es que “los fondos de este año van a ir destinados al servicio de patología comparada, que es el primer estudio que se hace sobre ratoncitos especiales para estudio y cuestan seiscientos euros. Lo que hacen es introducirles tipos de cáncer para estudiar y encontrar una solución, es la base de todo el estudio. A partir de ahí se sube y si se encuentra la medicina nos curamos nosotros. Como es el trabajo sucio es el que menos apoyo recibe.”

Para quien quiera participar del éxito o conocer mejor el proyecto Javier invita a todo el mundo a la cena solidaria del 27 de febrero en el restaurante Gourmet, donde “habrá sorpresas”. “Pese a como estamos, somos personas y todavía tenemos solución. A veces lo que hace falta es una persona que lo mueva, luego la gente se mueve porque está deseando. Lo difícil es que nos movamos.”

Pero lo importante de la segunda edición y todas las que están por venir son las historias humanas, las que conmueven y las que nos mueven. Son las que le dan sentido a las ciencias exactas. Es definitivamente el amor y no los números el que ha llevado a Javier y al proyecto Budapest Contra el Cáncer a recorrer este camino tan emocionante. Por eso merece la pena rescatar una pequeña historia, por que quién sabe a dónde nos pueden conducir estos pequeños gestos.

“Un día tomando café le dije al padre Garayoa que si me daba cinco eurillos y sacó un billete de cincuenta y me dijo: toma. Y le dije: no, que he dicho cinco. Cógelos y vete. Pero si soy yo el que te tiene que ayudar a ti que llevas toda la puñetera vida en calzoncillos en la selva. Y me dijo una cosa muy bonita: Has tenido las agallas de pedir, como hago yo toda la vida, y los que pedimos somos los que al final recogemos. Pocos me piden así que toma.”

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