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Una mochila para la solidaridad en Etiopía

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Una docena de carreras después, a Paloma G. Fraile (Salamanca, 1988) aún le quedan un par de meses para cruzar la meta. Será la de la maratón de Etiopía, que este año se celebra al norte del país, en la ciudad de Bahar Dar, a las puertas del verano. Pero viajar tan lejos de casa tiene otro objetivo, además de estrenarse el 16 de junio en esta prueba: completar una misión iniciada en noviembre de 2018, cuando Paloma comenzó a recoger ropa deportiva destinada a que corredores autóctonos del país africano -entre ellos, grandes promesas del atletismo mundial- cuenten con mejores recursos materiales, nuevos o seminuevos, en su día a día. Esta labor centra el proyecto Runners for Ethiopia, una cadena de la que Paloma es eslabón.

En 2018, ella y su pareja se propusieron correr tres medias maratones durante el año. Cumplir su particular reto les llevó hasta Valencia, donde se vieron sorprendidas por «una masividad de camisetas tiradas en el suelo antes de cada carrera». Prendas a menudo puestas una vez, que ya no servían tras haberse dado la salida. «Lo primero que pensé fue que se iban a tirar, pero después, trasteando por Internet, me topé con un programa de Maraton Man, presentado por Raúl Gómez, en el que hablaban de Runners for Ethiopia», explica Paloma. Así fue como descubrió esta iniciativa solidaria, nacida también al calor de los focos televisivos, pues surgió tras la grabación en Etiopía de un programa del aventurero Jesús Calleja en 2013. Le acompañaba en aquella ocasión Jordi Reig, fisioterapeuta y artífice del proyecto.



Paloma contactó con Runners for Ethiopia para ofrecerles su apoyo, al tiempo que valoraba aprovechar los medios sociales para llegar a mucha más que gente que se sumase con sus donaciones. Instagram fue el canal elegido: la galería de su perfil @run_by_palofray ha teñido la red social de los colores centrales de la bandera etíope –verde, amarillo y rojo- para convocar a corredores y organizadores de carreras a colaborar con la causa. Ella espera en la zona de salida o el guardarropa minutos antes del inicio de la prueba, recoge las donaciones, las guarda en su mochila… y echa a correr. «Por mi pasado en el ejército sé lo que cuesta hacerlo con peso a la espalda, y para mí participar en las carreras con mi mochila a cuestas refleja el esfuerzo que también hacen los corredores etíopes, con tan escasos recursos», apunta.

Curiosamente, el último paso antes de preparar su viaje al Cuerno de África lo ha dado Paloma también en Valencia. Allí ha entregado a Runners for Ethiopia el material deportivo que ha pasado por su mochila: más de 300 camisetas, medio centenar de pantalones y una treintena de pares de zapatillas. «La gran mayoría las he recogido en carreras, pero también han contactado conmigo clubes que querían ayudar y han hecho sus aportaciones», explica Paloma, que reconoce que en ocasiones se ha sentido «algo abrumada» ante la respuesta obtenida: «Tal y como está el mundo, no esperaba tanta solidaridad, no sé cómo agradecerla».

Paloma no estará sola en esta aventura, le acompañarán otras 38 personas. Algunas han participado también en la recogida de textiles. Otras ofrecen su equipaje para poder llevar la mayor cantidad de material posible. Y entre ellas, un grupo de fisioterapeutas que durante 13 días enseñarán a los corredores etíopes a cuidar su cuerpo y tratar sus lesiones. Todos ellos viajarán con la misma agencia que Runners for Ethiopia lo ha hecho en anteriores ocasiones, Rift Valley Expeditions, especialista en África.

«Voy con ganas de llegar a quien lo necesita y de disfrutar de la experiencia», concluye Paloma, «pero también de llevarme un golpe de esa realidad que necesitamos ver una vez en la vida: debemos ser conscientes de que lo tenemos todo y, aún así, no paramos de quejarnos, mientras que allí son felices con muy poco». Gracias a Paloma, Runners for Ethiopia y todas las personas que les apoyan, muy pronto ese poco será otro poco más. Aunque no suficiente. Por eso, Paloma continuará a su vuelta llenando su mochila. ¿Te apuntas?

Texto: Iris M. Vázquez

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